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La tirosina del jamón ibérico de bellota marca de identidad y calidad

Los consumidores menos o nada entendidos se sorprenden del aspecto que llega a presentar la superficie, la parte externa de una pieza de jamón ibérico de bellota. Les llama la atención y hasta les genera repulsa la serie de puntos blancos brillantes y la profusión de colores oscuros marrones, negros y violáceos que recorren muy especialmente la parte más ancha de la pieza.

La presencia de estos cristales indica una curación lenta y progresiva del jamón ibérico de bellota

Este prejuicio que se sustenta en la simple apariencia es un inconveniente a la hora de la comercialización del jamón ibérico de bellota -el de mayor calidad del mercado- en otros países, donde nunca ha existido una cultura del jamón, en los que el producto se compara con otros de peor calidad, saliendo mal parado en esa categorización sin información contrastada.

Resulta paradójico que se juzgue al jamón ibérico de esa manera por su apariencia exterior en la idea de que esos colores son ejemplo del mal estado del alimento. Y todo cuando es precisamente lo contrario, un jamón con esa coloración difusa y contrastada sólo demuestra una curación adecuada, que es lo mínimo que se espera de una pieza de jamón ibérico de bellota de calidad.

Por esa razón, es tan importante dar a conocer la calidad del jamón ibérico de bellota en Estados Unidos o en los mercados emergentes de China, Brasil o Canadá. Y, en ocasiones, hacerlo de una manera poco convencional.

Los productores llevan sus jamones ibéricos a ferias y eventos gastronómicos y proponen catas y degustaciones públicas para romper ese prejuicio. Y el boca a boca ha funcionado, nunca mejor dicho, en el caso de un producto de alta calidad, porque, quien lo aprecia, repite.

Pero, en realidad ¿qué es ese conjunto de manchas de diferentes colores sobre el jamón ibérico qué tanto intimida a los invitados o potenciales clientes extranjeros?

Las manchas blancas tienen un nombre concreto, son una solución química natural en absoluto tóxica, descubierta y sintetizada en tiempos recientes, por supuesto, que ha permanecido siglos sobre el jamón ibérico sin afectar para nada a su sabor o a su composición.

Se llama tirosina, una parte importante de esas concentraciones. Un aminoácido que forma como decimos cristales sobre la parte aireada y oxigenada del jamón ibérico de bellota.

De la misma forma que ocurre bajo el mismo patrón en cada calidad y tipo del jamón ibérico: El jamón ibérico de cebo, el jamón ibérico de cebo de campo o en el caso del jamón ibérico de recebo.

La tirosina se degrada sin consecuencias para la salud al descomponerse las proteínas. Más que ofrecer una imagen de pudrición y descomposición de la carne, los cristales de tirosina lo que muestran, como decíamos, a quienes lo saben entender es que la curación del jamón ibérico ha sido adecuada.

Otra cosa es que esas proteínas descompuestas no se dejaran ver en la maza del jamón ibérico. Entonces, por contra, y en unión de otros indicios, sí deberíamos preocuparnos porque esa ausencia hablaría a las claras de una falta de curación, de una curación completa o de una ausencia de madurez en la pieza.

Es más, puestos a rastrear indicios de calidad ocultos, la tirosina es una muestra también de que el cerdo ibérico que sirve de base a la carne de jamón ibérico de bellota se ha alimentado correctamente, siguiendo las directivas de las denominaciones de origen y las de la misma reglamentación general para el producto que llamamos jamón ibérico.

La tirosina es uno de los veinte aminoácidos que constituyen las proteínas. La labor de degradación de la tirosina sólo es posible si en ese proceso químico está presente otro aminoácido, la feninalalina.

Si la tirosina no es un aminoácido esencial, la feninalalina es uno de los diez que sí lo son, al menos en los humanos, y sólo está presente en los animales que tienen una dieta adecuada y variada.

Por tanto, los cristales blancos de tirosina que tanto parecen afear a la carne del jamón ibérico de bellota también nos están diciendo que el cerdo ibérico del que se obtuvo tuvo una alimentación completa y variada como para producir feninalalina.

Cristales blancos que marcan la identidad y la calidad del mejor jamón ibérico.

Jamón ibérico de bellota para una sana dieta mediterránea

La dieta mediterránea es una de las grandes contribuciones de nuestra cocina, de nuestra gastronomía a la cultura mundial. En tiempos en los que la comida rápida destruye los mejores hábitos y distorsiona la ingesta de nutrientes saludables, los alimentos tradicionales que se han producido desde siempre en nuestro entorno con los recursos que dan la tierra y el clima, son una clave para la salud, para estar en sintonía con el bienestar físico.

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El jamón ibérico de bellota constituye un alimento fundamental dentro de la dieta mediterránea

La dieta mediterránea la forman productos de la tierra tan dispares como la lógica y tradicional combinación de legumbres, hortalizas, frutas, verduras, aceite de oliva, frutos secos y carnes. Y entre las carnes, el jamón ibérico de bellota, el de mayor calidad de cuantas variedades se producen en este país en cualquiera de las denominaciones de origen.

Variedades como las del jamón ibérico de cebo, las del jamón ibérico de cebo de campo o las del jamón ibérico de recebo, en sus denominaciones exactas.

En ocasiones se dice que una parte importante de la dieta mediterránea que hoy conocemos es en realidad herencia del mundo romano, del interés y del valor que dio esa cultura a los productos de la cuenca del Mediterráneo y que explotaron y exportaron en la Hispania de aquellos tiempos.

Hay investigadores que sostienen además que el origen del jamón ibérico es realmente remoto, cuya antigüedad superaría ampliamente los dos mil años y que fueron precisamente los grandes propietarios locales que explotaban las dehesas del sur de la Península Ibérica romana los que se encargarían de producir cerdos seleccionados, que serían los antepasados de nuestros cerdos ibéricos, para elaborar el también primitivo jamón ibérico de bellota.

Resultaría paradójico que tal vez debamos al refinado gusto romanizado el establecimiento de las pautas de elaboración del tradicional jamón ibérico de bellota.

Pero ¿qué es lo que tiene el jamón ibérico de bellota para incluirse en la lista más formal de los productos de la dieta mediterránea?

El gran valor del jamón ibérico de bellota para colocarlo en las primeras vitrinas de la dieta mediterránea está en que, como alguno de los otros productos la cuenca, presenta unas saludables proprociones de grasas insaturadas y, por contra, unas concentraciones muy bajas de las saturadas.

El jamón ibérico de bellota sería, salvando las distancias, una reserva de aceite de oliva, o para ser más exactos y comedidos en los términos correctos, una buena provisión de ácido oléico, el mismo que nos ofrece ese aceite de oliva del que hablamos y que tanto apreciamos de la dieta mediterránea.

Una composición que trabaja en favor del colesterol bueno y contrarrestando los efectos del que es nocivo.

Por lo demás, y para completar el cuadro del jamón ibérico de bellota como parte solidaria de la mesa mediterránea, tenemos también una carne que es rica en vitaminas del complejo B, como la B1 y la B2.

El jamón ibérico de bellota tjene un 50% más de proteínas que el mismo peso en una carne fresca de vaca. Bastan cien gramos de jamón ibérico de bellota, una loncha, para cubrir las necesidades mínimas de proteínas de un día en una persona adulta. Su proporción de grasas, aporta también más calorías por porción que cualquier otra.

Por último, ¿se ha dado cuenta de que, a diferencia de otros alimentos de gran consumo, populares y apreciados, el jamón ibérico no tiene conservantes ni colorantes?

Su carne se elabora siguiendo los mismos procesos que probablemente ejecutaron mediante tanteos los especialistas de aquel mundo romanizado del que hablábamos. Poco o nada ha cambiado desde entonces, como su aprecio en la mesa mediterránea en la que todos somos protagonistas al elaborarla, al comer de ella y al defenderla como un patrimonio cultural.

Un mundo en rojo y blanco, calidad color jamón ibérico de bellota

Rojo y marfilado, fino y gustoso, exquisito, aromático ¿qué es? Es, jamón ibérico de bellota, un manjar de dioses al alcance de cualquier mortal, cualquiera que sepa apreciar la calidad de uno de los alimentos más completos del mundo. Y no lo decimos por chovinismo español, lo decimos por la realidad de los hechos. Porque, a los hechos nos podemos remitir. Hoy, el jamón ibérico de bellota es mundialmente conocido por sus cualidades.

Sólo con mirarlo se nos abre el apetito...

El jamón ibérico de bellota hace más de una década que salió a hacer mundo con sus virtudes. Las empresas españolas que también crecieron en este país al calor del desarrollo económico se dedicaron a exportar el jamón ibérico de bellota, con toda su calidad. En China, en Japón, en Australia, en Nueva Zelanda, en Estados Unidos, donde nunca habían oído hablar de él. Y ha triunfado en esos mercados.

Así, como recordaba un chef español invitado recientemente a una degustación de productos españoles en Abu Dabi, los naturales no pueden comer el jamón ibérico de bellota, por sus convicciones religiosas, ‘pero lo hacen’, dijo, en sus habitaciones, en privado. Porque, a pesar de sus convicciones, saben del valor y la calidad del producto que asocian al lujo. Una tentación.

Hace veinte años, pocos podían imaginar que la cadena Harrod’s británica iba a hacer un hueco privilegiado al jamón ibérico de bellota español, en igualdad de condiciones que otros delicatessen de película, que el caviar iraní, que el champán o que el paté de foie gras más codiciado.

Y no es para menos, en España, el jamón ibérico de bellota tiene detrás una cultura, una industria, una tradición, una seriedad a la hora de controlar la calidad de la denominación de origen que va a la par de todo lo que pueda exigir un comensal en el extranjero, que deberá estar dispuesto a pagar el valor extra de un producto único.

Ahí están las cifras que demuestran lo importante que es el jamón ibérico en casa, en España se sacrifican todos los años tres millones de cerdos ibéricos, de los que se obtienen seis millones de piezas de jamón ibérico y otras tantas de paletas. El nivel de negocio del sector asciende a unos 2.000 millones de euros en el que operan unas 400 empresas dedicadas a hacer fama con sus productos.

Capital monetario, pero también capital animal. El cerdo ibérico es una variedad también única que se mima para obtener el producto de calidad. Se le mima cuando se lo alimenta en exclusiva de bellota y durante un tiempo realmente largo, en montanera, el cerdo llega a permanecer dos meses en los que vaga libremente por la dehesa alimentándose para ganar casi 50 kilos en el campo.

Las empresas españolas dedicadas a la exportación del jamón ibérico de bellota deberían figurar también entre los modelos de estudio en las escuelas de negocio de todo el mundo, porque sus fórmulas para llevar el producto a cada nuevo mercado ha sido diferente.

Se han adaptado a las condiciones de cada país, a su idiosincracia, a los gustos nacionales, han aprovechado la presencia de otros productos españoles ya introducidos, han sabido emplear magistralmente los tiempos de cada cultura, los recursos de ferias y prescriptores locales.

Han dado una lección de marketing tras otra, con imaginación, pero también con rigor. El jamón ibérico nunca se ha salido del guión que lo señalaba como un producto, exclusivo, distinguido para gente distinguida.

En ocasiones, el jamón ibérico de bellota se ha comercializado detrás de unas jornadas gastronómicas en las que el cerdo ibérico se ha presentado en forma de costillas a la parrilla al gusto del país, en otros casos, el jamón ibérico ha compartido presentación con joyas de diseño español, y, en otros casos más, el producto se ha dejado llevar por lo que forma parte de la cultura española, entendida por quienes la ven desde lejos, con todo su exotismo, con todo su folclore. Y ha funcionado.

El jamón ibérico de bellota no es siempre andaluz, tampoco se cura en cortijos aislados de las sierras, pero su identificación con una forma de entender la vida y la alimentación, con la alegría de vivir del pueblo que lo ha inventado ha abierto puertas. Los nuevos admiradores extranjeros del jamón ibérico de bellota quieren también vivir esa experiencia, entre lasca y lasca.

Un mundo en rojo y blanco, calidad color jamón ibérico de bellota.

Los japoneses llevan el sabor del jamón ibérico en el paladar

Los japoneses descubrieron hace unos años el justo valor del jamón ibérico de bellota, el de calidad, y lo aceptaron como consecuencia de las exhaustivas y bien medidas campañas de promoción de las primeras marcas productoras de jamón ibérico de España en el país del sol naciente.

El sabor del jamón ibérico de bellota conquista Japón al concidir con el gusto de sus habitantes

Sin embargo, la publicidad no es suficiente para explicar la sintonía del jamón ibérico con el ciudadano medio nipón. Hay algo más que ayuda a comprender esa sintonía. Se trata de un detalle clave en la sensación del sentido del gusto de los mismos japoneses. El umami, el quinto sabor del sentido del gusto humano, el sabor que podríamos llamar cárnico y que los japoneses tienen presentes en otros de sus platos.

Algunos prefieren llamarlo sabor a proteína, en vez de sabor cárnico, aunque no todos los alimentos que lo evocan tengan nada que ver con las proteínas que sí están presentes en las piezas de carne.

En otras palabras, los sabores de la gastronomía de la cultura japonesa guardan relación con el sabor básico y dominante del jamón ibérico de bellota, por esa razón, su introducción resultó tan natural. Las campañas de marketing de finales de los años noventa, fueron una parte del trabajo bien hecho, el resto venía ‘de serie’ en el paladar del nuevo público japonés.

El que los japoneses conocen como umami, o sabor cárnico, que ellos asocian a su tradicional kombu; es uno de los últimos sabores que los especialistas han vinculado al repertorio básico tradicional que es capaz de distinguir la lengua humana, al amargo, al ácido, al dulce, al amargo y al salado. El kombu a cuyo sabor está asociado el jamón ibérico en la cultura japonesa es un alga de color oscuro que se cultiva para su consumo cotidiano en el país.

El umami asociado al jamón ibérico fue un sabor seleccionado como singular por el químico japonés Kikunae Ikeda, descubridor y primer aplicador en su elaboración del ácido glutámico, a principios del siglo XX, como potenciador de sabores, como un sabor en sí mismo agradable.

El umami, el sabor a jamón ibérico, sería el quinto sabor diferenciado, como parece que también lo son el queso parmesano, las anchoas, la salsa de soja también oriental, algunas salsas de pescado, el ajinomoto peruano y el simple tomate crudo.

En China, se conoce al sabor umami como ‘sabor fresco’ o ‘sabor delicioso’, algo que se ajusta al concepto que se tiene en España del sabor auténtico del jamón ibérico de bellota el de mayor calidad de cuantos se elaboran.

El umami, el sabor de la carne que produce el jamón ibérico de bellota no podría ser encuadrado en ninguno de los matices, ni siquiera combinados. El jamón ibérico es único también, como para que su sabor tenga una catalogación aparte.

Porque quien lo haya comido, habrá notado que el salado es sólo un sabor de fondo del verdadero tono sabroso de la pieza de jamón ibérico, un eco de sabor, que diría el gastrónomo poeta.

Poesía aparte y paladares japoneses genuinos en su sitio. El sabor a umami del jamón ibérico de bellota es el resultado de unos valores físicos y químicos presentes en sus concentración en la carne del ibérico. El sabor a umami es en realidad la presencia de ácido glutámico.

El ácido glutámico aumenta en proporción según la maduración del jamón ibérico, con una presencia limitada en su elaboración durante la etapa de salazón, en la de retirada de salazón y en la curación de la pieza de jamón ibérico de bellota a la mitad de su tiempo.

Sin embargo, una vez curado y a los dos años de vida después del sacrificio en canal del cerdo ibérico, el ácido glutámico, el sabor a umami, se dispara, por su concentración, sobre todo.

A fin de cuentas, los japoneses dijeron sí al jamón ibérico de bellota porque llevan su gusto en el paladar. El gusto es suyo, el jamón ibérico, afortunadamente nuestro.

El jamón de bellota reduce los procesos de envejecimiento del organismo

Algunos compuestos químicos operan como antioxidantes. Frenan el proceso natural de deterioro y de envejecimiento de las células. Algunos de esos compuestos son la carnitina y la vitamina E, que se ha demostrado que están presentes en las lonchas, en la carne del jamón de bellota de calidad.

Una alimentación sana y en especial el jamón ibérico de bellota con su alto contenido en antioxidntes, frenan el envejecimiento

Una base antioxidante que parece provenir de la alimentación especial del cerdo ibérico en montanera y que estudios de campo realizados sobre una población de referencia de personas de edad avanzada demostraron buenas propiedades para la detención también de los procesos naturales de envejecimiento de las células humanas.

Los estudios han demostrado que el tipo de grasa que presentan las piezas de jamón ibérico forman parte de los mejores nutrientes de una dieta para la salud. Se trata de cantidades importantes de grasas y de grasa buena, porque presentan una alta proporción de ácido oléico. Y por si fuera poco, los lípidos que contiene la carne del jamón ibérico de calidad son del tipo monoinsaturado, que aportan también beneficios para la salud humana.

El ácido graso monoinsaturado es mucho más resistente a los procesos naturales de oxidación que los llamados poliinsaturados que se han hecho muy conocidos por estar presentes en el maíz, en la soja, en las nueces, en la calabaza o en el pescado azul, pero sobre todo, por ser reconocido popularmente como ácidos omega 3 y omega 6.

Los especialistas que han estudiado las variables del jamón ibérico de bellota creen estar en la pista cierta del origen de tanta bondad alimenticia. Los efectos antioxidantes se deben, según esas sospechas, a los valores del propio jamón ibérico, en especial los altos niveles de carnitina y de vitamina E.

La carnitina es una amina, un constituyente básico, responsable del transporte de los ácidos grasos al interior de las mitocondrias, una pequeña porción de las células encargada de la producción de energía. La disminución de la carnitina, por contra, produce una disminución de la energía en las células y un aumento del tejido adiposo, las grasas.

Un dato, la presencia de carnitina en los recién nacidos depende de la presencia de ésta en el organismo de la madre. Un argumento más a favor del consumo de jamón ibérico de calidad entre las embarazadas. Un jamón ibérico, controlado, como sólo se puede decir de los que están sometidos a los rigurosos métodos de las denominaciones de origen.

La carnitina llega al jamón ibérico de una forma indirecta, pero que demuestra la importancia de la alimentación natural y sana de los cerdos ibéricos que se utilizan como materia prima para la creación de las piezas de jamón ibérico de bellota b. La carnitina está presente en las bellotas que comen los cerdos ibéricos en la montanera en la dehesa, en el momento en el que pacen libremente comiendo de los frutos de encinas y queijos.

El valor del jamón ibérico de bellota como antioxidante se ha llegado a comprobar en el desarrollo de un estudio de campo en el que participaron los ancianos de una residencia de mayores española. El estudio, realizado en un centro de mayores de la provincia de Salamanca, propuso medir los niveles de proteínas de la dieta de los mayores seleccionados y sustituir ese aporte por un equivalente de jamón ibérico de calidad.

Los otros aportes alimenticios se mantuvieron, al igual que los hábitos alimenticios anteriores de los mayores, su ejercicio habitual o sus momentos de descanso, vigilia y otras actividades cotidianas. Al tiempo que se les modificó la alimentación, se les consideraron los parámetros puramente biológicos y psicosociales que sirvieron también como referencia para evaluar el impacto de la nueva dieta.

Después de seis semanas de ser alimentados con las proteínas que les aportaba el jamón ibérico de calidad, se les midió nuevamente la presión arterial, se les hicieron análisis de sangre o peso. Y se comprobó que la ingesta regular de jamón ibérico, había mejorado la presencia de antioxidantes en su organismo y mejorado notablemente algunos de sus inconvenientes de salud.

Uno de los datos que más llamó la atención de los especialistas fue la reducción significativa, y en un periodo de apenas mes y medio, de la tensión en todos los ancianos que sufrían desestabilzaciones habituales, en especial, por exceso.

El jamón ibérico de bellota reduce los procesos de envejecimiento del organismo de una forma aparentemente más eficaz de como lo hace un producto de la dieta mediterránea, el aceite de oliva.

La alimentación del cerdo marca los aromas y sabores del jamón ibérico de calidad

Diferentes estudios técnicos y cientificos, que se han completado en los últimos años sobre las variables de la producción del jamón ibérico, han demostrado la relación directa que se establece entre la buena acogida del producto por parte del consumidor y la alimentación del cerdo ibérico, en especial durante la fase de cebo.

La buena alimentación del cerdo ibérico tiene un efecto directo sobre la calidad del jamón ibérico de bellota

Pero hay más. El sabor y el aroma son importantes en la aceptación del consumidor. Sí, pero el contexto industrial y de consumo en el que se enmarcan las producciones de jamón ibérico de calidad, también ha hecho mucho por la popularización de los productos. La búsqueda del ideal de salud, los escándalos alimentarios de la carnes más consumidas y populares y la excelencia de los cárnicos genuinos, están del mismo modo en la raíz del milagro del jamón ibérico.

La buena aceptación del público hacia el jamón ibérico viene de la experiencia sensorial, del buen sabor, de los aromas que percibe en la cata y en la ingesta regular de su carne, algo que, como se ha apuntado, es el resultado de una adecuada selección de piensos cereales en el periodo de cebo del cerdo ibérico.
La aceptación del jamón ibérico de bellota, en cualquier caso, va más allá de las peculiaridades de la calidad del sabor y del aroma del cerdo ibérico y de la calidad de su alimentación natural cuando se relacionan, cuando se tienen en cuenta otras variables coyunturales.

Así, la expansión de lo que podríamos llamar la cultura del jamón en España y en el mundo, está relacionada con la creciente apreciación de los productos cárnicos artesanales que se han desarrollado a partir de variedades de animales con características exclusivas, protegidas por denominaciones de origen y por una legislación específica que ha servido para avalar las calidades, pero también como publicidad de un producto exclusivo.

El jamón ibérico también se ha beneficiado de los escándalos que han afectado durante años a las producciones masivas de carne, con el uso de hormonas y engordes artificiales. El consumidor conciencienciado se ha refugiado en  aquellos productos que le ofrecen garantías, como sucede claramente con el jamón ibérico de calidad.

Otra variable, y al hilo de este argumento, es la creciente búsqueda por parte de los consumidores de carnes más saludables por una toma de conciencia de la importancia de la alimentación en el mantenimiento de las condiciones de salud óptimas.

Volviendo a la experiencia sensorial, lo que sus sentidos le dicen al consumidor, una de las cuestiones que más destacan en esa percepción, es la comprobación del aspecto brillante de la grasa en las piezas de jamón ibérico de calidad, la fluidez de la grasa, la persistencia de los colores que se le reconocen al jamón ibérico en el veteado de su carne, la presencia de notas aromáticas agradables y el retraso en la aparición de las que no lo son tras un periodo de almacenamiento prolongado.

Los estudios apuntan a que las pruebas efectuadas en las que se alimentó a cerdos ibéricos de control con una dieta rica en ácidos oléicos, la grasa mantuvo durante más tiempo sus condiciones. La grasa presentó tras las pruebas consistencias algo blandas que saltaban a la vista, particularmente entre aquellos cerdos ibéricos que fueron alimentados con cebos ricos en ácidos grasos poliinsaturados, como los que contienen las aceites de colza.

Los consumidores, por ejemplo, ven positivo que el jamón ibérico sude grasa, les da seguridad sobre la calidad del producto. Algo que también se ha demostrado que ocurre con los cerdos ibéricos alimentados con bellotas y hierba en dehesa que los alimentados con piensos compuestos en piezas de jamón blanco o de jamón ibérico de calidad menor.

Y si hablamos de los aromas, en el caso del jamón ibérico de calidad la oxidación lipídica, la de las grasas es la responsable de la orquestación de la formación de un gran número de compuestos volátiles que proporcionan el impacto del aroma que percibe el consumidor. La relación que los distintos estudios ha demostrado entre la proporción de ácidos grasos poliinsaturados y la posiblidad de que aparezcan aromas no adecuados en las piezas de jamón, es otra baza más a favor del empleo de una alimentación oléica para los cerdos ibéricos que son la base del mejor jamón ibérico de bellota, el de calidad.

El jamón ibérico debe a su presencia física y a su aroma una parte del valor que le da el consumidor. Las investigaciones específicas en esta materia han demostrado que la alimentación del cerdo ibérico es la base de esas excelencias que aprecia el consumidor. La alimentación del cerdo ibérico es la que marca la diferencia.

La grasa del jamón ibérico de bellota de calidad, una fuente de salud

La grasa es una parte irrenunciable del jamón ibérico de calidad que salta a la vista, la vemos en el color blanco marfil y en el amarillo pálido que recubre las mejores piezas. Está ahí, y su presencia no es en modo alguno un ‘adorno’ o un componente insustancial, no es una variable aglutinante de la carne del jamón ibérico, es muchísimo más que éso. La grasa es una responsable muy importante en la elaboración del jamón ibérico de calidad, desde el momento en el que equilibra el proceso de curación, evitando la desecación repentina en el estadio previo al de curado en las salas de maduración, cuando se controla el efecto curante de la sal.

Jamón ibérico de bellota: Equilibrio perfecto entre el placer del buen comer y la salud

Pero hay más, la grasa, o más bien los ácidos grasos del jamón ibérico de bellota, el de mayor calidad, tienen una gran importancia nutricional, añade al sistema de la circulación sanguínea una opción reguladora, la de controlar o reducir el LDL sanguíneo, lo que conocemos popularmente como el colesterol malo, aunque también proporcionan óptimos niveles para estimular el colesterol bueno, el que se reconoce con otras siglas: HDL.

La grasa del jamón ibérico de bellota es además una fuente de placer en la medida en que es en esa parte de la pieza de jamón donde reside el sabor auténtico y genuino del jamón ibérico de calidad. Las cualidades que reconocemos como jugosidad y estado de ternura, son una aportación de la grasa que vetea la pieza de jamón ibérico.

La calidad de la grasa es un signo de distinción, puesto que su masa amarillenta entreverada en el músculo significa que el animal ha hecho más ejercicio, en un medio natural. La grasa es la responsable de cualidades organolépticas muy positivas, al mejorar el sabor y la textura implica, además, que el cerdo ha sido alimentado con bellotas en la dehesa. Las bellotas aportan, también una mayor proporción de ácidos grasos monoinsaturados (sobre todo el ácido oleico) y proteínas de elevada calidad, lo que avala las propiedades nutricionales reconocidas para el jamón ibérico.

Hay que recordar, que las grasas contribuyen a mantener funciones vitales en nuestro organismo, como la posiblidad de incorporar energía para su funcionamiento, contribuir a formar parte de las estructuras de las células del organismo o transportar las vitaminas solubles en las grasas, o liposolubles. Las grasas son muy necesarias para nuestro organismo, por lo menos las grasas sanas del jamón ibérico de calidad.

La cantidad de grasas que contiene una pieza de jamón ibérico de bellota de 100 gramos, el tamaño de una lasca de corte tipo, por término medio, es de 4,5 gramos, tan poca cantidad, pero lo justo para ser altamente beneficiosa.
Todo no acaba aquí, las grasas se encuentran en el jamón ibérico de bellota de la mejor forma posible, equilibradas. La presencia más importante de entre las grasas presentes en el jamón ibérico de bellota es la del ácido graso más importante, el oléico, el que podemos reconocer en el aceite de oliva de toda la vida.

Estudios desarrollados por un departamento universitario irlandés han demostrado, incluso, una cualidad hasta ahora no contemplada en las llamadas dietas sanas. Pasar de ingerir ácidos grasos poliinsaturados, como los que proporciona el ácido linoléico, a hacerlo con ácidos grasos monoinsaturados, como el ácido oléico, como el que contiene el jamón ibérico de bellota en su composición; nada más y nada menos que mejora los niveles de colesterol en pacientes con diabetes.

En relación también con las grasas, lo que los expertos recomiendan es que el nivel de grasas de una dieta no supere el 35% del aporte total consumido por este concepto y que el nivel total de grasas saturadas no supere el 30%, algo que cumple con garantías el jamón ibérico de bellota, el de mayor calidad.

El consumidor actual, sensible a los valores de su dieta, en la medida en la que le pueden ayudar a superar, los problemas de sobrepeso, mira con recelo las grasas cuando saltan a la vista, como las que se dejan ver sobre las piezas de jamón ibérico, sin embargo, las partes oleosas de nuestro jamón ibérico son una reserva de salud que el consumidor aún ha de descubrir entre loncha y loncha de jamón.