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Un mundo en rojo y blanco, calidad color jamón ibérico de bellota

Rojo y marfilado, fino y gustoso, exquisito, aromático ¿qué es? Es, jamón ibérico de bellota, un manjar de dioses al alcance de cualquier mortal, cualquiera que sepa apreciar la calidad de uno de los alimentos más completos del mundo. Y no lo decimos por chovinismo español, lo decimos por la realidad de los hechos. Porque, a los hechos nos podemos remitir. Hoy, el jamón ibérico de bellota es mundialmente conocido por sus cualidades.

Sólo con mirarlo se nos abre el apetito...

El jamón ibérico de bellota hace más de una década que salió a hacer mundo con sus virtudes. Las empresas españolas que también crecieron en este país al calor del desarrollo económico se dedicaron a exportar el jamón ibérico de bellota, con toda su calidad. En China, en Japón, en Australia, en Nueva Zelanda, en Estados Unidos, donde nunca habían oído hablar de él. Y ha triunfado en esos mercados.

Así, como recordaba un chef español invitado recientemente a una degustación de productos españoles en Abu Dabi, los naturales no pueden comer el jamón ibérico de bellota, por sus convicciones religiosas, ‘pero lo hacen’, dijo, en sus habitaciones, en privado. Porque, a pesar de sus convicciones, saben del valor y la calidad del producto que asocian al lujo. Una tentación.

Hace veinte años, pocos podían imaginar que la cadena Harrod’s británica iba a hacer un hueco privilegiado al jamón ibérico de bellota español, en igualdad de condiciones que otros delicatessen de película, que el caviar iraní, que el champán o que el paté de foie gras más codiciado.

Y no es para menos, en España, el jamón ibérico de bellota tiene detrás una cultura, una industria, una tradición, una seriedad a la hora de controlar la calidad de la denominación de origen que va a la par de todo lo que pueda exigir un comensal en el extranjero, que deberá estar dispuesto a pagar el valor extra de un producto único.

Ahí están las cifras que demuestran lo importante que es el jamón ibérico en casa, en España se sacrifican todos los años tres millones de cerdos ibéricos, de los que se obtienen seis millones de piezas de jamón ibérico y otras tantas de paletas. El nivel de negocio del sector asciende a unos 2.000 millones de euros en el que operan unas 400 empresas dedicadas a hacer fama con sus productos.

Capital monetario, pero también capital animal. El cerdo ibérico es una variedad también única que se mima para obtener el producto de calidad. Se le mima cuando se lo alimenta en exclusiva de bellota y durante un tiempo realmente largo, en montanera, el cerdo llega a permanecer dos meses en los que vaga libremente por la dehesa alimentándose para ganar casi 50 kilos en el campo.

Las empresas españolas dedicadas a la exportación del jamón ibérico de bellota deberían figurar también entre los modelos de estudio en las escuelas de negocio de todo el mundo, porque sus fórmulas para llevar el producto a cada nuevo mercado ha sido diferente.

Se han adaptado a las condiciones de cada país, a su idiosincracia, a los gustos nacionales, han aprovechado la presencia de otros productos españoles ya introducidos, han sabido emplear magistralmente los tiempos de cada cultura, los recursos de ferias y prescriptores locales.

Han dado una lección de marketing tras otra, con imaginación, pero también con rigor. El jamón ibérico nunca se ha salido del guión que lo señalaba como un producto, exclusivo, distinguido para gente distinguida.

En ocasiones, el jamón ibérico de bellota se ha comercializado detrás de unas jornadas gastronómicas en las que el cerdo ibérico se ha presentado en forma de costillas a la parrilla al gusto del país, en otros casos, el jamón ibérico ha compartido presentación con joyas de diseño español, y, en otros casos más, el producto se ha dejado llevar por lo que forma parte de la cultura española, entendida por quienes la ven desde lejos, con todo su exotismo, con todo su folclore. Y ha funcionado.

El jamón ibérico de bellota no es siempre andaluz, tampoco se cura en cortijos aislados de las sierras, pero su identificación con una forma de entender la vida y la alimentación, con la alegría de vivir del pueblo que lo ha inventado ha abierto puertas. Los nuevos admiradores extranjeros del jamón ibérico de bellota quieren también vivir esa experiencia, entre lasca y lasca.

Un mundo en rojo y blanco, calidad color jamón ibérico de bellota.