Todos llevamos un catador de jamón ibérico de bellota dentro y hay que descubrirlo

Convertirse en un buen catador de jamón ibérico de bellota es algo que se aprende, que se consigue con la experiencia que da el tiempo y, por qué no, también gracias a poseer ciertas cualidades sensoriales naturales. Sin embargo, nada de éso supone que no podamos interpretar dentro de nuestras posibilidades cada una de las variables que definen al jamón ibérico de calidad y que no podamos beneficiarnos de ese conocimiento cuando acudamos a adquirir una pieza de jamón ibérico. Todos llevamos un catador de jamón ibérico dentro y hay que descubrirlo.

El sentido más importante para la cata de jamón ibérico de bellota es el olfato

De la misma manera que para conducir un automóvil no hace falta ser un piloto excepcional, para saborear los matices de un jamón ibérico de bellota de calidad no hay que ser un catador, sólo hay que estar abierto a las sensaciones y estar dispuesto a disfrutarlas. Vamos a exponer aquí cuales son las variables sensoriales que influyen en la cata, de su mano está si desea experimentarlas. Hagamos de maestros jamoneros, pues.

La experiencia de la cata del jamón ibérico de bellota es la de descubrir si el jamón ibérico que se ha guardado en un proceso de maduración está en condiciones de ser consumido, si aún le queda tiempo de maduración o, en el peor de los casos, si se ha pasado en su madurez, o, como llaman los jamoneros, ‘se ha pasado de bodega’.

La diferencia básica de la cata del jamón con respecto a la más que conocida cata del vino es la de los órganos sensoriales que participan en el proceso. Mientras que en la del vino se emplean el gusto, el olfato y la vista, en la del jamón ibérico, casi no se da el tacto, sí el de la vista y, por supuesto el del olfato, pero nunca, y subrayamos lo de nunca, el del gusto.

El motivo de no emplear el sentido del gusto es muy simple. Para poder catar el sabor de un jamón ibérico, habría que abrirlo y partirlo para llegar a su carne, al centro de la pieza. Hacerlo significaría estropearla y detener el proceso de curación que es integral y que no termina cuando se saca de la bodega. Continúa hasta el momento en el que el comensal se sienta a la mesa y come su loncha de jamón, hasta que llega a la boca de la persona que lo come.

En cualquier caso, el centro de la pieza de jamón ibérico no oculta totalmente sus secretos para el catador. El catador emplea un estilete o un hueso agudo de pieza de vacuno con el que se acerca al corazón de la pieza. Con ello, consigue sacar los aromas del interior de la estructura del conjunto de la pieza de jamón ibérico. Un aroma, que, con ese sistema, no se prolonga mucho en el tiempo, lo suficiente para completar la tarea olfativa de la cata.

La introducción del punzón se hace en la maza y en la contramaza, los dos extremos del ancho de la pieza, a un lado y a otro. El olfato le dirá al maestro jamonero la cantidad de sal que tiene la pieza, la humedad que conserve en su interior, el agua que aún ha de exudar, las sensaciones que despida a carne cruda o a carne curada. Algo muy importante para determinar el estado de madurez de la pieza.

Hemos comentado que, el tacto tiene una importancia limitada en la acción de la cata, y es cierto, pero, sin embargo, si no se dan las condiciones adecuadas, la pieza de jamón es rechazada para ser comercializada. ¿Qué condiciones son esas? La superficie de la pieza, la presión que se hace sobre ella, le ha de decir al maestro jamonero, que cantidad de bellota ha consumido el cerdo ibérico del que ha resultado la pieza trasera que tiene ante sí.

Su dedo debe  hundirse en la grasa amarillenta o blanquecina brillante y volverse a restaurar su formación con el simple acto de dejar presionar. En la medida en que las trazas de grasa estén dentro de los parámetros, la recuperación de la forma de la superficie de la pieza presionada, deberá ser natural. Si se mantiene la hendidura o no se produce hundimiento alguno, es que las grasas no están en la proporción adecuadas. Es más, si la presión no deja huella alguna sobre la pieza, es que el cerdo ibérico nunca comió bellota en montanera. Así de claro y así de determinante con el tacto.

El último de los sentidos que el jamonero pone en juego es el de la vista. Un jamón ibérico bien estructurado en su forma externa, en su apariencia, debe tener un aspecto esbelto, con su grasa de color amarillo oscuro bien situada, pero sin que dé sensaciones de estar rancio. La parte de abajo de la pieza de jamón ibérico de bellota suele ser de tonos más apagados, llamando la atención la porción de grasa que se ha oxidado con la que se untó la pieza para su proceso de curación.

La profesionalidad y el nivel de certidumbre con el que trabajan los sentidos del maestro jamonero son proverbiales, algo que se gana, como hemos comentado con el tiempo, pero, sobre todo, con la cata diaria, tocando los jamones ibéricos de bellota de calidad, sin perder de vista las características que lo hacen bueno, que lo distinguen como un producto único.

Anuncios

One response to this post.

  1. Posted by jose antonio on diciembre 17, 2010 at 12:32 pm

    porque se les valora más en un concurso de loncheadores de jamon la vistosidad del plato cortado que el la realizacion del corte de una buena loncha que sea traslucida que veas el cuchilllo cuando la estas cortando ya que se aprecia mejor el gusto del jamon de bellota atrvez del retrobucal que no al salivar una loncha de jamon de mayor grosor.

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: